Nuestro hotel quedaba al lado de la zona de comercio libre más grande y antigua de China, cubre diez kilómetros cuadrados, Waigaoqiao, al noreste de la ciudad bañado por las aguas del tercer río más largo del mundo, el Yangtsé, es una joya para inversores de todo el mundo.
Cerca del hotel también está la estación de metro que te lleva al centro de la ciudad en poco más de media hora. Decidí que mi primera visita a Shanghái de noche debía ser el Bund, recomendación de una compañera de trabajo china. El Bund ocupa un kilómetro y medio desde el puente Waibaidu hasta la calle Jinling, tiene un paseo marítimo al lado del río Huangpu con vistas al imponente perfil de rascacielos de Lujiazui, además de una colección de edificios de distintas épocas y arquitectos, desde el clásico al renacentista. Lástima que llegásemos demasiado tarde y nada estuviese iluminado, pero da una razón más para volver de nuevo.
Más tarde fuimos a cenar al barrio de Xin Tian Di, zona de restaurantes, bares y tiendas. Es como un pueblito en algún lugar recóndito de Europa, lleno de callejones, nada parece chino en el lugar, más bien podría ser parte de un escenario de la película de Harry Potter. Si quieres degustar comida típica, este no es el mejor lugar, solo verás restaurantes de comida occidental, entre ellos Paulaner Bräuhaus donde se sirven cervezas y bretzel como si del Oktoberfest se tratara, con la única diferencia de que los camareros que portan el típico traje bávaro, en vez de ser fornidos, altos y rubios, son pequeñitos, morenos y de ojos rasgados.
A pocos minutos en taxi terminamos la noche en la discoteca 88 decorada con cortinas rojas, molinos giratorios y engranajes de reloj, parece sacada de la película de Moulin Rouge, además de las lámparas de vidrio al estilo Tiffany's. Lleno de chinos subidos en las mesas y bailando al ritmo de R&B, Reggeatton y La Macarena, si habéis oído bien, La Macarena, además de un rapero cantando en directo, un estilo Usher pero en chino. Después de dos copas, pocas horas de sueño y la visita al baño sin taza de váter, solo un agujero en el suelo, típico en los baños en Asia, sentí unas ganas irreversibles de irme a dormir, suficiente por un día.
Cinco horas más tarde de descanso me arrastré al baño para darme una ducha que me despertara y volver a la ciudad, no todos los días se va a ¡Shanghái! La primera parada fue el distrito de Pudong, lo que había visto la noche anterior desde el otro lado del río. Antes de seguir necesitaba tomar un green tea latte, ritual cada vez que voy a China ¡me encanta! y fue entonces cuando me di cuenta de que los casi mil yuanes que llevaba, aproximadamente cien euros, ya no estaban en el bolsillo de mi hermoso trasero. Me quería ahorcar, yo nativa de Madrid, había cometido una de las faltas más graves que puedes cometer en un lugar lleno de gente en una gran ciudad, poner dinero en el bolsillo del pantalón, ¡idiota! En fin, mi único consuelo fue, que habiendo tanta gente necesitada como hay en este lugar, tal vez había hecho una buena acción.
Después de maldecir un poco a la República China respiré hondo y seguí con el plan de visita, primera parada Shanghái World Financial Centre, esta torre de fachada acristalada con sus 492 metros de altura es la tercera más alta del mundo, nombrada por Guinness World Records como el observatorio más alto del mundo, la vista desde la planta centésima al río, los rascacielos y el Bund es hermosa incluso con niebla, y es que esperar que en China no haya niebla es como esperar a la media naranja, bonito concepto pero poco realista.
Para cruzar al otro lado del río al Bund la manera más rápida y más si es la primera vez en la ciudad, es el Bund Túnel. De camino me paré a observar de cerca la Torre de TV Perla Oriental, que hasta el 2007 fue la estructura más alta de China con sus 468 metros de altura y su diseño galáctico espacial, y fue entonces cuando vi a una pareja haciendo malabarismos para intentar hacerse una foto de los dos y la Torre Perla de fondo, así que me ofrecí a tomarles yo la foto y en cuanto abrieron la boca me di cuenta del acento español. Estaban de vacaciones haciendo un tour por China y me llamó la atención que me dijeran que habían estado en el bosque de Avatar, en Zhanqjiajie, es un parque natural de la provincia de Hunan, a solo una hora de Guangzhou en el tren de alta velocidad, adivinad a donde voy a ir en mi próximo viaje a Guangzhou, está claro, siempre hay algo por descubrir, siempre hay algo que aprender.
Después de un viajecito bajo tierra en las capsulas que te llevan por el túnel de luces y sonidos llegué al paseo marítimo del Bund, fue entonces cuando la niebla empezó a desvanecerse y a salir el sol, la vista era digna de postal y de retrato, imagino que eso pensó Manolo Rivera (http://manolorivera.com/), un pintor catalán que acrílico y pincel en mano y con los cubos de basura de caballete, pintaba mientras los viandantes curioseaban.
La última parada fue el jardín de Yuyuan, no sin antes perderme un poco en las calles estrechas que lo rodean con ropa tendida colgando de lado a lado y paisanos echando un sueñecito después de unos buenos fideos chinos. El jardín se construyó a semejanza de los jardines imperiales durante la Dinastía Ming en el siglo XVI y es el lugar perfecto para esconderse y sentarse bajo la sombra de un sauce llorón a admirar los estanques, los dragones y puentes en zigzag, las flores y los peces de colores vivos anaranjados y amarillos y envidiar un poco a los gatos que lo habitan. Fue entonces cuando vi que uno de ellos maullaba desconsolado en uno de los tejados, traté de ayudarle a bajar, pero el cabezota no me hizo caso.
Fuera del jardín hay tanto que ver, todo rodeado de casas de estilo oriental que se mezclan con tiendas de suvenir, comida, restaurantes, adornos navideños, pero ya era hora de volver, no sin antes comer Baozi en unos de los restaurantes más populares de la zona, es una especie de bollo o pan blanco relleno de verduras o carne, el mío era de cangrejo.
De vuelta al hotel compré unas cuantas películas más para mi colección pirata, en fin que puedo decir ir a China y no comprar imitaciones y copias es como ir a España y no comprar Jamón Ibérico.