Es extraño pasar la Nochevieja sola en casa, pero ya sabía cuando empecé a trabajar que corría ese riesgo. Todo en la vida tiene su lado bueno y malo, lo malo es no tener un día de fiesta, reunido con tus seres queridos, como lo tiene la mayoría, y lo bueno es pasar el día de año nuevo en Túnez, algo que tampoco puede hacer la mayoría.
Llegué al hotel muy cansada después de haber pasado la mayor parte de la noche hablando con mi familia y amigos, y comiendo las uvas a las dos de la madrugada, (en Qatar hay dos horas de diferencia con respecto a España) pero en cuanto entré a mi habitación y me asomé a la terraza que daba a la piscina, me sentí como nueva.
Por la tarde fui con dos compañeras asiáticas a Sidi Bou Said, un pueblito encantador situado al norte de la cuidad que se caracteriza por sus casas blancas y balcones y puertas azules, aquí las puertas son tan hermosas, que son una atracción turística más en las tiendas de artesanía donde se venden réplicas de distintos tamaños o retratos en postales y en imanes. Las casitas pintadas de blanco y las callejuelas de adoquines, a veces recuerdan a un pueblito del sur de España. Sin embargo, cuando entras en las tiendas, algunas de ellas distribuídas en dos pisos con increíbles patios interiores llenos de alfombras de seda, alfarería, mosaicos y jaulas de pájaros, entre otros productos artesanales, te sientes como Alí Babá en "Las mil y una noches".
Subiendo la calle principal atrae el olor de un puesto donde venden "bonbalouni" una especie de donut cubierto de azúcar que fríen al momento en aceite hirviendo, se parece a los puestos de churros de Madrid, de hecho el sabor es parecido.
No sé si era porque tenían frío o hambre o seguramente la mezcla de ambas, que las dos chicas con las que iba me llevaban corriendo a todos sitios, y a mi que me encanta entretenerme viendo todo, no me hacía mucha gracia. Hasta que no nos sentamos en un restaurante a cenar, no se quedaron contentas. El sitio tenía unas vistas preciosas al Mediterráneo, y desde allí, ví la puesta del sol que se reflejaba en el agua turquesa, mientras disfrutaba de un cuscús con pescado.
Con las pilas cargadas después de dormir más de doce horas, no podía esperar para volver a Sidi Bou Said, ya que la visita de la tarde anterior me supo a poco. Esta vez me fui con una amiga marroquí que era más de mi estilo, sin prisas y disfrutando de mirar alrededor. Entramos a Dar El Annabi, una casa del siglo XVIII remodelada en el siglo XX por la familia El Annabi, destacados en la vida política del país, cuyos descendientes aún son dueños de la casa, que ahora ha quedado abierta al público.
Una vez en el interior, tienes la oportunidad de ver cómo vivían antiguamente las familias tunecinas y sus tradiciones, a través de muñecos de cera vestidos con ropa típica, que escenifican distintas momentos cotidianos, como las reuniones fumando shisha o la ceremonia de la henna, una planta de la que se obtiene el polvo de henna, para hacer tatuajes, normalmente con motivos florales, y que se aplica en la piel de la novia antes de una boda. La verdad es que algunos tatuajes de henna son auténticas maravillas, a mi me encanta cuando se lo veo a las mujeres, no sólo en Túnez, y otros países de África, sino también en los países del Golfo Pérsico entre otros, lástima que por mi trabajo no pueda llevar tatuajes visibles.
En la segunda planta se encuentran la sala de rezo con varios ejemplares del Corán, la cocina llena de vasijas de barro, "tajine", donde se sirve el cuscús, y en el centro el patio de estilo Andalúz. Me llamaba la atención encontrar en todas y cada una de las habitaciones de la casa, al igual que en las tiendas de souvenirs, una mano abierta con un ojo en el centro, así que le pregunté a mi amiga marroquí el significado, se quejaba de que hacía demasiadas preguntas, pero es que me gusta saberlo todo. Es un símbolo de protección, el ojo muestra que Dios lo ve todo y la mano es como una "señal de stop" a lo maligno.
Después de ver la casa continuamos nuestra visita, no sin antes comprar algunos souvenirs, todas las tiendas tenían demasiadas cosas bonitas, lástima que no sea rica, lo más barato solía ser una especie de mineral de color marrón y rojizo, que al final descubrí gracias a uno de los tenderos, que es "arena de Túnez" o también conocida como "estalagmita del desierto" ya que se forma bajo la arena del desierto, cuando el agua modela la arena y se seca después de miles de años.
Al final de la calle principal, dejando atrás las tiendas, y llegando a la cima de la colina, se encuentra el "Café Sidi Chebaane" un lugar idílico para tomar un té, comer, o simplemente hacer fotos de la costa y el mar Mediterráneo. Ver el amanecer desde este lugar, debe de ser inolvidable.
Después de Sidi Bou Said, conseguimos un taxi para ir a Carthage, o lo que es lo mismo Cartago, una ciudad fundada en el siglo VIII aC por los fenicios y de la que solo quedan los recuerdos de las guerras y las distintas civilizaciones que por aquí pasaron a lo largo de la historia reflejada en sus ruinas. Después de comprar la entrada, nos dimos cuenta de que nos llevaría bastante tiempo verlo todo, ya que las ruinas se reparten en varias zonas que no están muy cerca entre sí, para caminar bajo la lluvia. Cuando empecé a sentir las primeras gotas de lluvia, no pude evitar acordarme de mi compañera de clase tunecina, a la que ví el día 31, y como estaba de mal humor porque me había tocado volar a Túnez en vez de a ella, deseo que lloviera e hiciése frío, ¡que simpática!...
Primero vimos el museo con distintas piezas de arte de todas las culturas que convergieron en esta zona: la egipcia, la griega, la romana, la fenicia, la católica y la islámica entre otras. Tuvimos suerte de encontrar a un señor que amablemente nos explicó todo, y yo aún más suerte, de tener a mi amiga que habla árabe y que se podía entender con él y traducirme algunas cosas.
Al lado del museo se encuentra una catedral católica enorme que construyeron los franceses en el siglo XVIII.
Fue una buena idea continuar nuestra visita por Cartago en taxi, sino no nos hubiése dado tiempo a ver todo, y aún así se nos quedaron un par de sitios por ver, entre ellos la zona donde los fenicios sacrificaban a niños en ofrenda a los dioses, aunque mejor no haberlo visto, porque sólo de pensarlo se me ponen los pelos de punta.
El taxista también nos explicó un poco de la historia de cada lugar, o mejor dicho le explicó a mi amiga en árabe, y yo me enteraba de lo poco que intentaban decirme en inglés o un español difícil de entender. Pasamos por la villa romana, las termas, el anfiteatro y el teatro, donde se hay conciertos en la actualidad. En todos ellos siempre está presente la figura del caballo, símbolo de Cartago. Terminamos la visita en lo que un día fue el puerto de guerra, donde antiguamente había un área circular de donde partían los barcos para luchar.
Lástima que de camino al centro de la ciudad no tuviésemos hambre aún, porque el taxista nos recomendó una zona que estaba llena de restaurantes para comer marisco y pescado fresco.
En el centro dimos una vuelta por Aswak, un bazar de tiendas pequeñas donde puedes encontrar de todo. Allí ligamos bastante y aún mucho más cuando se enteraban de que yo era española. Parece ser, y no es la primera vez que lo oigo, que muchos hombres tunecinos y marroquís, se entusiasman con la idea de enganchar a una españolita o una francesita nada más que para conseguir la nacionalidad, yo no quisiera ser mal pensada, pero si me lo dicen chicas marroquís, la información es bastante objetiva...que puedo decir, en general sean de la nacionalidad que sean, los hombres son unos buitres.
De vuelta al hotel nos fuimos al spa, que se suponía tenía unos baños turcos bastante prometedores, pero se quedó más bien en una mera ilusión, tampoco se puede esperar demasiado si es gratis.
Por la noche tenía idea de salir a bailar con unos amigos, al final terminé en un sitio que me encantó, Corniche Plaza, un hotel, restaurante y bar a la vez, pero con poco baile y mucho frío. Aún así mereció la pena ver el sitio, que en verano tiene que estar mucho mejor, sobre todo con la piscina que tiene y la terracita al aire libre.
Acabé el año llorando pero lo he empezado con un viaje inolvidable, no sé lo que me espera en el 2010, pero seguro que será digno de recordar el resto de mi vida.
Estas viviendo una experiencia inolvidable y enriquecedora a tope! Te echamos mucho de menos y nos encantaria tenerte con nosotros, pero nos encanta que estes disfrutando y seas feliz. Sigue escribiendo, nos encantan tus articulos!
ReplyDeleteTu familia desde, desde Cork, Ireland
Al primer video le pega mas esta cancion, ademas el cafe aparece en el video! : http://www.youtube.com/watch?v=Hv3YsFkMduU&feature=fvst
ReplyDeleteGracias por la sugerencia Tone 84? imagino que no te conozco? tambien escribes?
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