Normalmente no escribo sobre un lugar en el que he estado tan poco tiempo, de hecho espero volver para escribir más distendidamente sobre esta bellísima capital en la que sólo he podido pasar una noche de enero.
Cuando llevamos el uniforme tenemos que llevar una placa con nuestro nombre, así que en cuanto me subí al avión, no solo de ida, también de vuelta, todos los rusos se lanzaban entusiasmados a hablarme en su idioma y se quedaban sorprendidos cuando les decía que lo único ruso que tenía es mi nombre, para que no se decepcionarán demasiado una vez se daban cuenta de que no era una compatriota, les sonreía y decía lo único que sé decir en ruso "spasiba".
Era increíble ver las vistas desde el aire cuando sobrevolábamos las montañas nevadas, lástima que estuviése demasiado ocupada sirviendo alcohol a los rusos, y no me diera tiempo a fotografiar aquella belleza.
Casi toda la tripulación decía valientemente en el vuelo, que iban a salir para ver la Plaza Roja, pero una vez salimos del aeropuerto y notaron el frío en los huesos todos cambiaron de opinión, excepto yo y tres locos más, que dijimos que íbamos a ver la Plaza Roja aunque nos congelásemos en el intento.
Me alegró ver que el hotel aún tenía decoración navideña, además es precioso y enorme, dentro hay tiendas de ropa, supermercado, souvenirs, por supuesto entre ellos las matriuskas, supongo que será para que no te haga falta salir al menos que sea realmente imprescindible, la verdad es que si yo viviése aquí, invernaría como los osos hasta que llegase la primavera.
Después de ponerme todas las camisetas y calcetines que pude unos encima de otros, bajé a la recepción para irme con mis compañeros, uno de ellos ya se había encargado de comprar una botella de vodka, según él para entrar en calor. Una vez en la calle sentí que no era para tanto, que aquella temperatura se podía aguantar, pero después de caminar más de diez minutos sin encontrar la estación de metro, me di cuenta de que no podía soportar mucho más con 15 ºC bajo cero.
La botella de vodka duró poco, porque el que la llevaba la dejó caer nada más entrar en el metro. Por los trenes, veías de todo, desde gente abrigada con pieles y gorros enormes a otros que iban con chaquetita y deportivas, como si estuvieran en el invierno de Madrid, debe de ser que esta gente está hecha de una pasta especial.
Finalmente llegamos a nuestra parada, Okhotny Ryad, la más cercana a la Plaza Roja, quería taparme hasta las cejas, la verdad, es que en este tiempo no me importaría usar algún tipo de atuendo similar al de las de Qatar, eso sí con mejor diseño y no de negro.
Tuvimos que caminar bastante hasta que encontramos la plaza, que precisamente no es pequeña, y fue allí, a pesar de que ya había pasado la navidad, cuando realmente me dieron ganas de cantar "Oh, blanca navidad, nieve..." al ver aún la decoración navideña en las calles, con árboles de navidad preciosos en cada esquina y luces felicitando el año 2010.
Una vez llegas a la Plaza Roja, te quedas sin habla, y no por el frío, sino por la belleza de la arquitectura de sus edificios: primero la puerta Voskresensky o puerta de la Resurrección, después la catedral de Kazán, el centro comercial, y al otro lado, a pesar de estar lejos, atrae tu mirada inmediatamente, la increíble catedral de San Basilio, coronada por una belleza de cúpulas de forma acebollada y colores vivos, esta catedral fue construída en el siglo XVI bajo las ordenes de Iván el Terrible.
Como quería ver todo con más detalle, me puse las gafas, lo que fue un error, porque se me empañaron del frío, y a pesar de mi deseo de hacer más fotos, llego un momento en que se me caían las cosas de las manos ya que no las sentía más. Fue entonces cuando vi a una compañera corriendo hacia un lugar acristalado, y entonces me di cuenta de que era una cafetería en medio de la plaza, y yo también salí disparada como el coyote detrás del correcaminos o aquel que ve un oasis en medio del desierto. Jamás me había sentado tan bien un café caliente, mientras veía a los niños fuera patinando en la pista de hielo, ¿cómo lo harán? ¿cómo soportan el frío? Era la primera vez que sentía como ardía mi interior al volver a una temperatura normal y entrar en calor, jamás pensé que el proceso regulador de la temperatura corporal pudiése ser tan doloroso.
Lástima que por el frío y la falta de tiempo no pudiésemos ver el Kremlin más de cerca, que está en frente de la Plaza Roja, aunque nos dijeron que de todas formas ciertas partes de la Plaza quedan cerradas al público por la noche.
Como no estábamos dispuestos a caminar de vuelta para volver en metro, cogimos un taxi, que nos salió bastante caro, pero con esa temperatura yo ya pagaba cualquier cosa con tal de llegar al hotel y ducharme bajo agua hirviendo.
Me encantaría volver de día y con un poco más de ¡calor!, en primavera o verano, para entrar en las catedrales, ver el Teatro Bolshoi, donde en su día bailó mi tocaya Ludmilla Tcherina, una de las bailarinas más famosas de ballet clásico, y pasear alrededor de esta impresionante ciudad que te envuelve en una atmósfera de grandiosidad de la Rusia de los zares.
Continuará...
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ReplyDeleteHola Ludmila! Ya visité tu página en varias ocasiones anteriores y ya no puedo ir sin dejarte aunque sea un pequenio comentario ;-)
ReplyDeleteMe encanta leer tu blog! Realmente estoy entusiasmada!! Escribes lo que sientes y aunque no conozco estos lugares lejanos y exóticos, puedo sentirlos yo también!
Se nota tu apasionamiento por viajar y descubrir el mundo, y me encanta que aunque tengas poco tiempo, aunque pases frío y cansancio, sales a pasear y recorrer el lugar y sacas provecho al máximo. No pierdas nunca esa energía que te hace salir a descubrir a pesar de todo! Aparte siempre es muy informativo y con mucho atención al detalle lo que escribes, se ve que verdaderamente te interesa conocer el mundo y sus sectretos. Tu blog es un homenaje al viajar, a la aventura, a los pequenios regalos de la vida y a esa misma en sí. Que sigas disfrutanto tus caminos y nosotros de tus descripciones! Un besote desde la fría y nevada Alemania - estos días me siento acá como tu en la Plaza Roja jajaja! Cuidate, Tere
Danke teresa! muchos besos!! Ludmi
ReplyDeleteNos tienes encanchados a tus blogs! Este de Moscú está genial, como dice Teresa, nos haces sentír como si estuviésemos allí, por la pasión y la brillantez de tus artículos.
ReplyDeleteYa estamos deseando leer el de Hong Kong :)
Muchos besos de tu familia, que te adora y te echa mucho de menos