Monday, 11 January 2010

HONG KONG PRIMERA PARTE



Demasiado que ver en Hong Kong para tan poco tiempo, suerte que este mes voy dos veces a esta isla del sur de China con imponentes montañas que se vislumbran a través de la niebla que deja el mar que las rodea.



Como llegamos por la tarde no merecía la pena ir a ver el gran Buda, una de las atracciones más importantes de la zona, así que yo y un compañero cogimos un tren a Tsim Sha Tsui, el centro de la ciudad. Sentada en aquellos asientos modernos con volumen incorporado en cada uno de ellos para oír lo que ponen en la tele del vagón, nada que ver con el metro de Madrid, donde tienes que leer los subtítulos para enterarte de algo, me quedé embelesada con las vistas al mar y las montañas y más tarde los rascacielos.



En el centro me sentí como una pueblerina, porque a pesar de venir de una gran ciudad, jamás había visto tantas luces como en este lugar. Llegamos a Mong Kok, la zona donde está "Ladies' Market" un mercado lleno de accesorios, ropa, souvenirs, en fin de todo un poco, y sobre todo lencería picante, no sabía yo que los chinos tuviésen tanta imaginación. Lo que me pude reír con los tangas para hombres con caras de elefante, entre otros, pero me dió vergüenza hacer fotos con mi compañero al lado.
Caminando alrededor me llamaba la atención las tiendas de medicina natural, de comida, entre ellas algunas con marisco y pescado seco que venden en bolsitas para comer como si fuesen patatas fritas, no me animé a probar así que sólo compré higos secos. Fue entonces cuando me dí cuenta de la "simpatía" de la gente de la ciudad, cada vez que intentaba hacer una foto a una tienda, salía el dueño de mal humor diciéndome no sé qué en chino para que no hiciése fotos, lo mismo pasaba cada vez que preguntábamos con el mapa como ir a algún sitio, te miraban con mala gana y te despachaban rápido, como si les molestases.


Así que después de dar vueltas para intentar encontrar "Avenue of Stars" la avenida de las estrellas, con increíbles vistas al puerto y los rascacielos de la cuidad, y la "gran ayuda y hospitalidad" de los viandantes, decidimos coger un taxi. De todas maneras, me parece que me va a tocar volver de nuevo, porque leí en una guía que se llama así porque es un paseo que rinde tributo a algunas de las estrellas de la gran pantalla, con distintas estatuas, entre ellas la de Bruce Lee, y yo no sé qué pasó, que no ví ninguna. Lo que sí que no nos perdimos, fue el espectáculo de luces "The Symphony of Lights", que como cada tarde a las ocho deja sin habla a los turistas que nos reunimos allí y deleita a las parejas de enamorados. Se considera por el Guinnes World Records como el show de luces y sonido más largo del mundo, con cuarenta edificios iluminándose a ambos lados del Puerto Victoria, este juego de luces que bailan al ritmo de la música, hace que los quince minutos que dura, se queden grabados en tu memoria para siempre.


Como mi compañero ya había estado antes en Hong Kong me llevó para cenar a una zona típica de comida asiática en Temple Street. Me encantó ver el ambiente que allí había, me recordaba al barrio de La Latina cuando todo el mundo está fuera sentado en las terrazas comiendo. El marisco aquí está de infarto, así que pedimos unos cangrejos al ajo y jengibre y unas gambas agridulces. Justo cuando acabábamos de empezar y yo me estaba chupando los dedos con los cangrejos, oímos gritos en la calle perpendicular a la que estábamos, y de repente la gente comenzó a correr, y la policía llegó y acorraló la zona. Nosotros no dábamos crédito cuando las camareras como locas se apresuraron a plegar las mesas y a tirar toda la comida a un cubo de basura, así que a dos carrillos tratámos de comer todo lo posible antes de que nos quitasen el plato, y los que estában al lado que también eran extranjeros y tampoco se enteraban de nada, exactamente igual. Cuando vimos nuestros platos en la basura, nos levantamos y nos fuimos sin pagar, mientras una de las camareras nos echaba mal de ojo, pero al menos nosotros teníamos justificación, no comimos casi nada, otros que estában allí se pusiéron las botas y tampoco pagaron.


Finalmente uno de los chinos se acercó y nos explicó en inglés lo que acababa de pasar, un loco había tirado ácido o un tipo de líquido corrosivo a la gente que pasaba por aquella calle. Sin embargo, no fue hasta el día siguiente cuando realmente me asusté al darme cuenta de la magnitud del asunto, ya que hubo treinta personas afectadas, muchos con ampollas en la cara, nos podría haber pasado algo, y nosotros de bobos comiendo, así que he aprendido la lección, la próxima vez, da igual que no entienda, yo si veo a los demás correr también corro. Parece ser que ésta ya es la sexta vez que ocurre y la policía no consigue encontrar al responsable o responsables.


Después de esta escena casi de película, nos fuimos a una discoteca carísima en la que me aburrí como una mona, para luego volver en taxi porque no había tren y que nos metieran un sablazo aún más gordo.


Al día siguiente a pesar de que se me pegaban las sábanas, madrugué porque estaba empeñada en ir a Disneyland, el resto de compañeros me preguntaban que qué iba a hacer allí, que era para niños, y yo pensaba, pues sí, qué pasa, soy una niña.


Como ya sabía no me arrepentí de ir, es verdad que no tiene muchas atracciones para adultos, como montañas rusas, bueno en realidad solo hay una en la que te subes y como está cubierta y todo oscuro te asustas cuando sientes que vas ascendiendo y piensas que después vas a caer en picado, y luego es un paseo de niños.


Me encantó el corto en 3D del Pato Donald, que más que en 3D era en "4D", cada vez que veías agua en la pantalla, sentías que te caían gotas encima, y cuando Aladin volaba en su alfombra sentías las ráfagabas de viento en la cara.

El paseo en barco por la jungla de Tarzán me recordó a la atracción que hay de la selva en el Parque de Atracciones, es exactamente igual, incluso con la misma escena de los hombres subidos a una palmera intentando huir de un rinoceronte que les quiere envestir en sus bonitas posaderas (es que tengo que ser fina en el blog).

Comimos en una especie de salón de castillo de cuento, con las parejas de la Cenicienta y la Bella Durmiente y sus respectivos y la Bella y la Bestia. Me recordaba a mis tiempos de niña cuando me quedába atontada delante de la gran pantalla pensando que existía aquel príncipe azul mientras que me atragantaba con las palomitas de la emoción.


Antes de irme me compré una camiseta de campanilla y un bolígrafo de Mickey Mouse, me volví loca en las tiendas, sobre todo en una de artesanía de cerámica y cristal, donde veías a un señor moldeando el cristal y haciendo aquella maravilla de figuras, mis preferidas, como no, eran todas las de campanilla.


Pero como a todo cuento, le llega su fin, en este caso no por completo, ya que volveré y ésta vez me voy a poner hasta arriba de cangrejo.

2 comments:

  1. Genial!

    Cuidado con los piraos que por desgracia están en todas partes.

    Muchos besos :)

    ReplyDelete
  2. Hola mi campanilla,eres genial escribiendo.
    Me he reido mucho con tus comentarios,escribes de forma muy amena,y la proxima vez que veas a la gente correr, tu la primera, ya preguntaras,que me preocupo.
    TE QUIERO.

    ReplyDelete