Este es el primer vuelo en el que tengo unos días para visitar, así que creo que siempre recordaré la capital de Nepal con un afecto especial.Desde el aeropuerto al hotel no pude ver demasiado porque ya había anochecido, aunque no podía parar de reír con los comentarios del co-piloto: "aquí no conocen lo que son las autopistas, ¿verdad?" en realidad el hombre tenía razón porque más que carreteras son caminos de cabras, pero yo iba tan feliz pensando en todo lo que iba a conocer.Desafortunadamente tengo un buen catarro así que la primera noche me quedé dormida viendo entusiasmada que ponían "Sexo en Nueva York". Probablemente no ayudó mucho que la mayoría de mis compañeros me contasen historias de que el hotel está embrujado, para que cuando fuese al baño me asustase de mi propio reflejo en el espejo de la puerta.El primer día fui en taxi a "Swayambhu" un templo budista conocido popularmente como "templo del mono" porque los monos pasean alrededor del templo como un visitante más.Allí conocí a un señor nepalés encantador en una de las tiendas de souvenirs que me explicó las tradiciones budistas e hizo de guía.Después de bendecirme con agua, flores y pintura en la frente, procedente de una de las estatuas de los dioses, me mostró unos cuencos de sanación hechos de ocho metales diferentes. Se ponen en la zona que necesita cura y se golpean para que vibren, transmiten un sonido muy relajante.Me explicó que la mayoría de edificaciones en el interior fueron construidas entre los siglos XVI y XVII y cada una está dedicada a un elemento: el agua, el viento, la tierra y el fuego. En el centro hay una especie de torre que representa los siete chacras que te llevan al Nirvana, como decir el "paraíso" o el "cielo".Los creyentes hacen girar los tornos en las paredes para ser bendecidos y tener buena suerte. Dentro de los templos echan arroz y flores a los dioses en modo de ofrenda y encienden velas para rezar por sus seres queridos.Las vistas desde lo alto del templo al valle de Katmandú y las águilas que se divisan desde esta zona son increíbles.Antes de irme mi amigo nepalés me invitó a un té tradicional y me regaló unas banderas para rezar que siempre están colgadas alrededor de los templos.Sin embargo en mi siguiente parada, "Hanuman Dhoka" en la zona centro de la ciudad, no tuve tanta suerte con los nepaleses que me encontré, probablemente porque iba sola y se notaba demasiado que era extranjera, se me acercaban continuamente hombres queriendo hacer de guía. Al ser un país muy pobre siempre es a cambio de dinero, y desafortunadamente mi sueldo no da para tanto. Si no es porque quieren dinero, entonces es para ligar contigo, y sinceramente no sé que es peor.Hanuman Dhoka o Plaza Durbar, es una plaza con más templos, aquí los templos se levantan en cada esquina de la ciudad, y muchas tiendas. Es muy popular porque aquí se alza el templo dedicado a la "diosa viviente" una niña de cinco años que los nepaleses creen ser la reencarnación de la "Diosa Virgen" después de que aseguráse al rey estar poseída por ella. La niña se asomába por la tarde al balcón, pero no me esntusiasmó la idea de esperar tres horas para verla.En los alrededores de la plaza me sorprendió sentirme tan estresada viniendo de una ciudad grande como es Madrid, pero el centro de Katmandú es un caos, lleno de gente, coches y motos que se atraviesan, obras, suciedad, y los más impactante, las carnicerías y pescaderías, mesas en medio de la calle con la carne cruda y ensangrentada al igual que el pescado, y un puñado de moscas revoloteando alrededor, no muy suculento.Sin embargo si se tiene la gran oportunidad como tuve yo de pasar dos días en Katmandú, es cuando aprecias que es como cualquier ciudad grande, locura en el centro y paz y relajación en las afueras.Así que en mi segundo día me levanté a las cuatro de la mañana para ir con una compañera a ver el amanecer desde el Himalaya, y sinceramente el madrugón, mereció la pena.El camino a Nagarkot, fue toda una experiencia, entre el taxista que conducía como Fernando Alonso en carreteras tortuosas, de doble sentido y sin espacio para un alfiler, tocando el claxon hasta cuando veía una vaca, y mi compañera apunto de llorar del susto que llevaba. Yo en cambio iba bastante relajada, me pregunto si es que soy demasiado confiada o tal vez kamikaze, pero a pesar de todo yo tenía fe en el taxista, es más admiraba el dominio que tenía al volante.Llegamos justo a tiempo para ver el amanecer en un lugar mágico, que hubiése sido aun más especial si mi compañera no me hubiése desgastado el nombre llamándome para que le hiciése fotos, la próxima vez se debería de llevar a un fotógrafo privado.No hacía más que pensar lo romántico que podía ser aquel lugar para una pareja, con su hotel, la chimenea y aquel idílico entorno que pronto estará cubierto de nieve.De vuelta al bullicio de la ciudad tuve tiempo para ir al popular y turístico bazaar Thamel con unos amigos y comprar algunos souvenirs, aunque como yo soy atípica, no compré pashmina, como la mayoría de la gente que viene aquí, la verdad es que no creo que le diése mucho uso.Echaré de menos a la gente de aquí, tienen lo justo, pero siempre te sonríen y te dicen "namaste" que significa "hola".
Tuesday, 17 November 2009
KATMANDÚ
Subscribe to:
Post Comments (Atom)
No comments:
Post a Comment