conociendo mundo
Sunday, 6 February 2011
HOUSTON SKYDIVING
Sunday, 21 November 2010
SHANGHÁI
Friday, 19 March 2010
GUANGZHOU
Conocida como "Canton" por los europeos, esta es la tercera ciudad más grande de China. Guangzhou está situada al sur del país, a menos de 200 kilómetros de Hong Kong, es curioso como la historia ha convertido estas ciudades vecinas en "amigas" y "enemigas".
Comparten el mismo río, el de la Perla, el mismo dialecto, el cantonés, la misma cultura y la misma población que emigró de un lugar al otro en el pasado. Sin embargo, Guangzhou pertenece a la tierra china de una sociedad comunista, mientras que Hong Kong es el fruto de la invasión británica, que apenas fue entregada a la República China a finales de los años noventa.
Es por eso que a pesar de estar tan cerca, no comparten la misma moneda y por increíble que parezca si eres ciudadano de Guangzhou, así como de cualquier otra ciudad de China, necesitas permiso de entrada y salida a Hong Kong.
Después de darme cuenta de que obviamente mis dólares de Hong Kong no valían para nada en Guangzhou, me llené los bolsillos de Yuan Renminbis y con el mapa en la mochila me dispuse a ir a la calle Shangxiajlu. Lástima que se me enganchase otra compañera de trabajo, tal vez sea un poco ermitaña, pero cuando quiero conocer un lugar prefiero ir sola y visitar. En ocasiones hay suerte y encuentro a alguien como yo que quiere explorar también, pero no es lo general. Así que como no, después de salir del metro y justo cuando estábamos en la mejor zona, dice que se quiere ir al hotel y que no quiere volver sola, y yo que siempre tengo cargo de conciencia por los demás, me fastidio y cambio mis planes.
Eso sí antes de volver cenamos, pero no en un restaurante chino como yo quería, sino en ¡Pizza Hut! Cierto es, que tal y como olían en la calle los puestos de comida y el aspecto que tenía, no invitaba demasiado a probar, más bien lo que te provocaba eran arcadas, pero si buscas un poco al final siempre encuentras un buen lugar, al menos de marisco, que en China es de buena calidad. Sin embargo, aquella noche lo de explorar se me fue al garete.
Al día siguiente temprano en la mañana fui al parque Yuexiu, donde se encuentra la estatua de las cinco cabras, símbolo de Guangzhou. Cuenta la leyenda que un día llegaron cinco inmortales montados en cabras de colores que bendijeron esta tierra con abundantes cosechas de arroz. Los inmortales se fueron pero las cabras se convirtieron en piedra y permanecieron en el lugar proporcionando prosperidad año tras año.
La verdad es que tardé en encontrar la famosa estatua, pero lo bonito es perderte y descubrir otros lugares que no esperabas ver en el camino antes de llegar a tu destino. Por eso me encanta viajar, porque es como la vida, perseguimos un destino, y cuando lo alcanzamos perseguimos otro, pero lo más hermoso es lo que encontramos durante el transcurso.
Había mucha gente mayor haciendo ejercicio, sobre todo yoga. Se llevan su radio y se ponen en grupo a hacer ejercicios de relajación y meditación. Incluso las mujeres hacen bailes con pañuelos y abanicos. Ahora comprendo porqué incluso cuando son mayores se conservan tan bien. Después de caminar un rato sentí que tenía un agujero en el estómago, así que compré lo único que encontré, una bolsa de madalenas, y me senté a ver los peces de colores naranja y amarillo del lago que se abalanzaban a intentar tragarse todas las migas que les echaba.
En este parque ves como los de aquí se divierten, y te miran con la misma curiosidad que les miras tú a ellos, sobre todo porque era la única europea paseando por allí. Lo mejor fue el grupo de niños que se susurraban al oído y se reían al verme pasar, ¡como si les fuese a entender! Finalmente uno de ellos se decidió a preguntarme cuantos años tenía y cuando se lo dije, los pobres se asustaron, aún así me alaga ligar con colegiales, debe de ser que los años no me tratan tan mal.
Desde el parque caminé a Zhongshan Memorial Hall, una maravilla de palacio octogonal coronado por un techo formado por un mosaico de piezas de un azul tan vivo como el del lapislázuli y una esfera en lo más alto hecha de oro. Este lugar se construyó en memoria a Sun Yat-Sen, cuya estatua de bronce se erige en frente del edificio. A él se le considera como el "padre de la China moderna" después de que luchase por convertir al país en un república en contra de la dinastía Qing y fuese nombrado como primer presidente de ésta.
El Memorial es famoso por sus numerosas actuaciones, de hecho ese día estaban ensayando un grupo de chicas para actuar durante la celebración del año nuevo chino en febrero, el año del tigre.
Terminé el día en el Templo de los seis árboles de Banyan, uno de los templos budistas más importantes de la ciudad, donde los creyentes encienden varios palitos de incienso y los ofrecen a Buda, junto con frutas y botellas de aceite de cacahuete. También ponen billetes de dinero en la boca de las estatuillas de dragón. Me gustaría poder preguntarles cuál es el significado, pero ya me podía sentir afortunada si simplemente entendían una sola palabra de lo que les preguntaba, así que desistí.
Como yo no soy budista, compré incienso pero para mi casa y de paso me traje varios bambúes de Tesco en China. Curioso como son los supermercados, aquí te ofrecen todos los productos para probar antes de comprarlos, lo cual es muy inteligente, aunque las que te lo ofrecen llevan unos micrófonos y hablan con esa voz chillona, que la verdad levanta dolor de cabeza.
De vuelta en el hotel no pude evitar hacerle fotos a una parejita de novios que celebraban allí el banquete, todo era muy normal, novio vestido de esmoqín y novia vestida con el clásico vestido blanco, excepto por los ¡zapatos rojos! ¡esto es China!
Agoté toda mi energía en el primer viaje a Canton y aún así en mi segundo hice casi lo mismo, siempre hay algo que ver en todos estos lugares remotos que nunca pensé que conocería.
Así que como la primera vez había demasiada niebla y no pude hacer el tour en barco por el río de la Perla, fui por la calle de Beijing, hasta llegar al río.
De camino, esta vez sí que cené en un restaurante chino, me habían recomendado que probase las ollas calientes, una especie de sopa a la que añaden fideos y pescado o carne. Por supuesto pude pedir lo que quería porque una amiga china, me había escrito todo en chino, sino sin el papel, hubiese sido imposible que me entendiesen. Estaba orgullosa de mi misma por usar palillos chinos y que no se me cayese toda la comida, supongo que las lecciones de mis amigas japonesas y coreanas han surtido efecto. Aunque no pude evitar sentirme como un mono de feria, en aquel lugar lleno de chinos observándome con sonrisa de oreja a oreja. Los camareros no sabían hablar en inglés ni me entendían, pero los muy listos sí que sabían decir "me gustas" y "llámame".
El tour de una hora en el barco mereció la pena, ver la cuidad de noche, pasar bajo los puentes y sentir el aire del río.
Por la mañana fui a Yuntai, un jardín hermoso con una escalinata por la que baja agua y conduce a un espectacular lago. Las flores aquí son de todo tipo y los jardineros trabajan metódicamente y con paciencia para que todo este en perfecta harmonía. No solo las flores hacen bello el jardín sino que también las estatuas le dan un aire divertido e infantil, entre ellas, Mario Bros, Doraemon, Pikachu, Nemo, Dori y muchos más. Sin duda lo más curioso es el cartel donde se lee "11.993 Km, Los Angeles Sister City of Guangzhou".
Al lado del Jardín de Yuntai se encuentra la montaña de Baiyun, pero antes de subir, aunque fuese en teleférico, había que reponer fuerzas, así que como uno más me senté a compartir té y un bizcocho con otros chinos muy simpáticos que no paraban de hablarme, me gustaría saber que me decían.
El significado de Baiyun es "nube blanca" ya que una vez en la cima a ciertas horas todo queda cubierto en nubes. Desde aquí no solo se puede ver toda la ciudad, pero también hacer senderismo por caminos recónditos entre montañas y helechos, que te llevan a cascadas perdidas y templos que solo por su emplazamiento invitan a sentarse, relajarse y reflexionar. Fue en uno de esos parajes donde la soledad me lleno de felicidad y paz, solo yo y aquel maravilloso lugar que contemplé para que quede grabado en mi memoria para siempre.
Monday, 25 January 2010
HONG KONG SEGUNDA PARTE
Llevaba demasiado tiempo sin escribir, así que probablemente se me habrán olvidado muchos de los detalles de los últimos sitios a los que he ido, pero aún así voy a escribir porque lo necesito, lo echo de menos y recordar cada momento me hace sonreír.
Como bien dice mi amigo argentino con el que me lo pasé de maravilla en el viaje, esto fue "Hong Kong en español", porque no sólo iba con él, también con una valenciana.
Ya que esta era mi segunda vez en la cuidad me tocó hacer de guía, así que primero volvimos al centro a la zona de Mong Kok, donde está "Ladies' Market" pero en vez de visitarlo de nuevo, caminamos por las calles de alrededor buscando tiendas de electrónica, porque nos habían dicho que en China podemos conseguir este tipo de productos a muy buen precio. En realidad fue una decepción porque de barato tenía poco, tal vez las gangas las tienen en otras ciudades del país y no aquí.
Como llevábamos muchas horas sin comer no tuvimos más remedio que entrar en el primer McDonald's que vimos, aunque yo me quedaba con ganas de comer algo asiático, así que me pedí lo más raro que pude encontrar, hamburguesa de pescado con washabi, una salsa verde que pica bastante. Lástima, me quedé sin comer cangrejo como el de la última vez, cada vez que lo pienso se me hace la boca agua.
Desde la isla de Kawloon nos dirigimos a la de Hong Kong, que es donde está el tranvía Peak y la torre del mismo nombre. De camino nos entró un ataque de risa a los tres, porque como siempre la simpatía de muchos de aquí deja bastante que desear, así que cuando le intentaba explicar al taxista donde quería ir, me dió una charla en chino que por el tono de voz sonaba a una buena bronca. Lo que puso la guinda al pastel fue cuando se sacó la lupa del bolsillo para mirar el mapa. A final del trayecto, nos abrió la puerta automáticamente y casi nos caemos del coche, (aquí todos los taxistas tienen un sistema automático con el que abren y cierran las puertas) un poco más y nos da una patada en el culo que nos manda a la torre sin necesidad de coger ningún tranvía para llegar.
Una vez en el "Peak Tram" me quedé con la boca abierta, nunca había visto nada igual, durante diez minutos vas en un tren que te lleva al pico Victoria, la montaña más alta de Hong Kong por unos raíles con la mayor pendiente del mundo que te hacen ver los edificios de alrededor inclinados y te da la sensación de que se te van a caer encima. Parece increíble que un sistema de tal precisión se construyese en el siglo XIX, para facilitar a los residentes llegar a la zona. Es sin duda un símbolo de la ciudad que ha sido testigo de guerras y el paso de generaciones cambiando del sistema de vapor al eléctrico, además de haberse hecho famoso en la gran pantalla de Hollywood. Las vistas desde el pico a la ciudad y el puerto se supone que deben de ser de infarto, pero como casi siempre en el sur de China la niebla lo cubre todo incluido el paisaje. A pesar de no ver nada, nos reímos con la figura de cera de Pierce Brosnan como agente 007 que estaba en la entrada del Museo Madame Tussauds. Como mi amigo argentino tiene una mente un poco calenturienta, se empeñó en hacernos una foto a la otra españolita y a mí tocándole las partes nobles a James Bond, los chinos pensarían que éramos unas degeneradas.
Acabamos la noche cenando en Lan Kwai Fong, una de las calles con más ambiente y extranjeros, llena de pubs para tomar algo y bailar. Sin embargo, estábamos tan cansados que la fiesta nos duró poco y decidimos volver al hotel después de cenar, no sin antes comernos un helado por el camino.
A la mañana siguiente fuimos a la cima de Ngong Ping en la isla de Lantau en un teleférico. Yo quería subirme en el que la cabina es toda de cristal, pero como mi amigo, aunque sea difícil de creer de acuerdo con su profesión de tripulante de cabina, tiene miedo a las alturas, fuimos en uno normal.
Finalmente conseguí visitar el Gran Buda, que llevaba queriendo ver desde mi primera visita a Hong Kong, ya que es el la estatua de bronce al aire libre más grande de Buda. Se tardó diez años en construirla y pesa 250 toneladas. Para llegar a él debes subir más de 250 escalones. De nuevo el tiempo no nos acompañó y la niebla dejaba ver poco de los alrededores, pero en este entorno místico lleno de estatuas budistas, monjes y devotos, le daba un aire más auténtico, un halo de misticismo difícil de describir con palabras. No nos dió tiempo a visitar el Monasterio Po Lin ya que volábamos por la tarde, pero pudimos ver un programa sobre el origen del Budismo que explicaba como el príncipe Siddhartha un día a pesar de tener todo lo que deseaba emprendió un viaje para encontrar la solución al sufrimiento de la humanidad. La verdad es que muchas de las leyes que predicaba poseen gran verdad e invitan a la reflexión. Por ejemplo, que la vida fluye y conlleva cambios constantes y por lo tanto aquellos que se aferran a lo permanente y no entienden el transcurso de la corriente del río sufrirán. Al igual que la liberación del sufrimiento depende de nosotros, primero debemos sanar nuestro interior para poder hacer el bien y no el mal. La verdad es que debería de empezar a leer libros sobre budismo, es muy interesante, aunque no sé de dónde sacar el tiempo.
Antes de volver entramos a la casa del té y compramos bolitas de té de Jazmín que son florecitas que se abren en agua caliente. También tenían flores gigantes que se abrían en el vaso y que más que para beber como té, merecía la pena comprar tan solo como decoración.
En el teleférico de vuelta le hicimos disimuladamente una foto a uno de los chinos que tenía unas cejas de punta y unos dientes que no he visto en mi vida, con alguien así a tu lado por las mañanas no te hace falta despertador. Hay tantos sitios que ver en Hong Kong, aunque en otra ocasión no será "Hong Kong en español". Me gusta visitar sola pero hay ciertos viajes que sin amigos nunca habrían sido iguales.
Wednesday, 20 January 2010
ZÚRICH
Una vez en Zúrich me vinieron a la cabeza recuerdos de cuando solía ir a Alemania, no sólo por el alemán, también por ciertos productos típicos de los mercados y algunos restaurantes que también veía cuando iba allí. Supongo que a pesar del tiempo y del olvido siempre queda parte del pasado en tu interior, que en definitiva forma parte de quien eres y te hace madurar y aprender.
En el tren tuve suerte de ir al servicio mientras el revisor pasaba por el vagón, porque multó a las dos compañeras que venían conmigo. Como teníamos prisa, sacamos el billete de una máquina que te daba la opción de inglés y luego sólo se leía alemán, así que seleccionamos lo que nos pareció. Cuando llegamos a la estación reclamamos, pero el de la taquilla nos dijo que era nuestra culpa y que porqué habíamos comprado un billete erróneo. Yo respiré hondo y con paciencia le expliqué que no es muy simple comprar un billete cuando todo aparece en alemán y no hay nadie a quien preguntar. En realidad tenía ganas de decirle, ve tu a Atocha y saca un billete en español, ¡listo! pero no era plan de echar más leña al fuego.
Después del mal trago, el día mejoró nada más salir de la estación y ver aquel imponente castillo en frente de nosotras, el museo nacional de Suiza, inaugurado a finales del siglo XIX y construido por Gustav Gull. Este edificio contiene los objetos más importantes y significativos de la historia del país desde la prehistoria hasta la actualidad. Sólo pudimos verlo desde fuera porque en un día no da tiempo a visitar todo, pero en otra ocasión entraré.
Cogimos un autocar desde la estación de Sihlquai y la guía nos dió la bienvenida en inglés y español, la mujer tenía mérito, porque aunque no hablase perfecto español, se pasó las cuatro horas explicando todo en ambos idiomas, además de portugués, ¡increíble!
Después de pasar por Bahnhofstrasse, una de las calles con las tiendas más caras y exclusivas del mundo, hicimos nuestra primera parada en el puerto Enge, desde donde hay una vista preciosa al lago de Zúrich y la ciudad. Lástima que el día estuviése tan nublado y no pudiéramos ver Los Alpes. La guía nos explicó que del lago se obtiene el 70% del agua potable para abastecer a los habitantes.
Nuestra siguiente parada fue cerca del Hotel Dolder, un castillo enorme en una de las montañas que rodean Zúrich, en el que hospedarte en la suite presidencial te sale por la friolera cifra de 17.000 francos suizos, unos 11.000 euros.
Un poco más arriba está lo que llaman la zona de Beverly Hills porque allí tienen su casa Tina Turner y el dueño de la fábrica de chocolates Lindt.
Más tarde volvimos al centro de la cuidad atravesando el distrito de Fluntern y las universidades, tanto la Universidad de Zúrich como la Escuela Politécnica Federal tienen gran reputación internacional, ya que han sido pioneras en investigación científica, y por sus aulas han pasado un gran número de estudiantes que más tarde obtendrían premios Nobel, entre ellos Albert Einstein. En la fachada de uno de los edificios principales se pueden ver los retratos de todos estos personajes de renombre.
De vuelta en el centro, entramos en la iglesia Fraumünster, famosa por las cinco vidrieras de Chagall que alberga en su interior de colores azules, verdes, naranjas y amarillos, representando escenas de la vida de Cristo y la biblia. Son hermosas en un día nublado, así que cuando el sol brilla y sus rayos las atraviesan, su belleza debe de ser difícil de describir.
En frente de la iglesia de Fraumünster se encuentra la catedral Grossmünster, en la que desgraciadamente no tuve tiempo de entrar esta vez. También se la conoce como la catedral del agua, porque en el pasado se erigía sobre una isla, que ahora ha pasado a ser un puente sobre el río Limmat. Desde el puente se divisa la iglesia se San Pedro famosa por poseer el reloj más grande de Europa con un diámetro de 8'7 metros.
Más tarde continuamos nuestro tour a Adliswil para subir a un teleférico, en el que en vez de ir sentados, íbamos todos los del tour de pie como sardinas en lata. Una vez en Felsenneg, la cima, a 800 metros de altura, las fotos son de postal, parece como si las primeras escenas de la primera parte de la película "Las Crónicas de Narnia" se hubiésen rodado aquí, sólo le falta la cabaña del minotauro.
Cuando llegamos al centro ya estába casi anocheciendo, y mi compañera brasileña se fue al hotel, estaba cansada y tenía mucho frío, pero a mi Zúrich después de Moscú, me parecía el paraíso, así que me quedé allí.
Como estuve casi todo el día metida en un autobús, me apetecía pasear por las calles tranquilamente, caminé desde la estación central a la zona de la catedral de Grossmünster, donde había estado por la mañana, mientras veía los cisnes blancos en el agua del Limmat, que resaltaban en la oscuridad. Después fui por Niederdorfstrasse, una calle que la guía turística me había recomendado por los restaurantes de comida típica, así que, me pareció muy gracioso encontrarme allí con dos restaurantes españoles, que por cierto estaban bastante concurridos.
No pude evitar entrar una de las cafeterías, al final no tomé nada, porque prefería cenar en un restaurante, pero para otra ocasión intentaré volver a tomar un chocolate caliente. Todo tenía un aspecto delicioso y el sitio era tan acogedor, además tenían pianista.
Aunque me hacía la valiente después de que ya había aguantado en las calles de Moscú, hubo un momento que estaba deseando entrar a un sitio calentito, así que al final encontré un restaurante típico y cené una fondue de queso con patatas y pan acompañada de un vino blanco. No es que fuese precisamente barato, pero quien mejor me va a cuidar y consentir que yo misma, cuando mi familia y amigos no están cerca para mimarme.
No sé si fue el contraste del calor de dentro del restaurante y el frío de la calle, que cuando fui al baño y me miré en el espejo me asusté, vaya coloretes, parecía Heidi, y nunca más apropiada para el lugar en el que estaba: "abuelito dime tú, porque yo en la nube voy, dime porque yo soy tan feliz, abueliiitoooo..."
Después de que se me salía el queso por las orejas, decidí quemar calorías con unos cuantos bailes de salsa. Antes de salir para Zúrich, también hice mis investigaciones de sitios para bailar salsa en la ciudad, y encontré dos cerca de la estación de tren. Acabé en uno que se llama "La Movida" con dueño chileno y camarera medio peruana, medio suiza, y como el mundo es un pañuelo, también ella es amiga de la gente que yo conozco en los sitios de salsa en Madrid. No me quedé mucho tiempo, porque mis expectativas de bailar con un suizo imponente se fueron al carajo, empiezo a creer que soy gafe en el amor, acabé con un pesado británico al lado, que podía hacer el papel de mi abuelo en Heidi. Por lo menos la camarera me dió una lista de todos los sitios de salsa en la cuidad, así que para la próxima vez solo me hace falta mi socia.
Tengo que volver a Zúrich porque esta vez no me ha dado tiempo a llevarme bombones suizos, y no me refiero solo al chocolate. ¡Ah Zúrich, qué perdición!
Monday, 11 January 2010
HONG KONG PRIMERA PARTE
Como llegamos por la tarde no merecía la pena ir a ver el gran Buda, una de las atracciones más importantes de la zona, así que yo y un compañero cogimos un tren a Tsim Sha Tsui, el centro de la ciudad. Sentada en aquellos asientos modernos con volumen incorporado en cada uno de ellos para oír lo que ponen en la tele del vagón, nada que ver con el metro de Madrid, donde tienes que leer los subtítulos para enterarte de algo, me quedé embelesada con las vistas al mar y las montañas y más tarde los rascacielos.
Wednesday, 6 January 2010
MOSCÚ
Era increíble ver las vistas desde el aire cuando sobrevolábamos las montañas nevadas, lástima que estuviése demasiado ocupada sirviendo alcohol a los rusos, y no me diera tiempo a fotografiar aquella belleza.
Casi toda la tripulación decía valientemente en el vuelo, que iban a salir para ver la Plaza Roja, pero una vez salimos del aeropuerto y notaron el frío en los huesos todos cambiaron de opinión, excepto yo y tres locos más, que dijimos que íbamos a ver la Plaza Roja aunque nos congelásemos en el intento.
Como quería ver todo con más detalle, me puse las gafas, lo que fue un error, porque se me empañaron del frío, y a pesar de mi deseo de hacer más fotos, llego un momento en que se me caían las cosas de las manos ya que no las sentía más. Fue entonces cuando vi a una compañera corriendo hacia un lugar acristalado, y entonces me di cuenta de que era una cafetería en medio de la plaza, y yo también salí disparada como el coyote detrás del correcaminos o aquel que ve un oasis en medio del desierto. Jamás me había sentado tan bien un café caliente, mientras veía a los niños fuera patinando en la pista de hielo, ¿cómo lo harán? ¿cómo soportan el frío? Era la primera vez que sentía como ardía mi interior al volver a una temperatura normal y entrar en calor, jamás pensé que el proceso regulador de la temperatura corporal pudiése ser tan doloroso.
Lástima que por el frío y la falta de tiempo no pudiésemos ver el Kremlin más de cerca, que está en frente de la Plaza Roja, aunque nos dijeron que de todas formas ciertas partes de la Plaza quedan cerradas al público por la noche.
Como no estábamos dispuestos a caminar de vuelta para volver en metro, cogimos un taxi, que nos salió bastante caro, pero con esa temperatura yo ya pagaba cualquier cosa con tal de llegar al hotel y ducharme bajo agua hirviendo.
Me encantaría volver de día y con un poco más de ¡calor!, en primavera o verano, para entrar en las catedrales, ver el Teatro Bolshoi, donde en su día bailó mi tocaya Ludmilla Tcherina, una de las bailarinas más famosas de ballet clásico, y pasear alrededor de esta impresionante ciudad que te envuelve en una atmósfera de grandiosidad de la Rusia de los zares.
Continuará...